¿Cómo ser un verdadero líder? Algunos aspectos centrales

Todos somos líderes en potencia y no necesitamos distintivos de personas externas para avalar nuestro status de vida. Trabajar en mejorar nuestras propias creaciones es el gran desafío.

Guía de: Espiritualidad

A lo largo de la historia, diversos personajes altamente destacados han logrado dejar huella y han traspasado generaciones por hacer una gran diferencia en el mundo que los rodeaba. Estos líderes, personas comunes y corrientes pero con un nivel de pasión y propósito extraordinarios y admirables, lograron ir más allá de lo que muchos pudieron haber pensado, logrando establecer nuevos paradigmas y haciendo posible lo insospechado o improbable en su momento.

En la actualidad, los conceptos de “líder” y “liderazgo” se encuentran ligados, de forma muy marcada, a una dimensión meramente competitiva, relacionándose principalmente con la vanidad, la ambición de un mayor status social y la aprobación de grupos importantes de personas. Muchos de esos “lideres” pueden ser denominados de ese modo por superiores jerárquicos, publicaciones o medios de comunicación; pero, en la práctica, pueden no necesariamente resistir el paso del tiempo y convertirse en modelos a seguir para los demás. Hay quienes pueden luchar contra la desigualdad, la discriminación, la mala calidad de la atención en un servicio o el daño al medio ambiente; pero, si no comienzan por sus propios pensamientos, palabras y acciones cotidianas, estarán cayendo en la demagogia y la inconsecuencia permanente y, con ello, todo el resto del entorno se verá igualmente afectado.

verdadero líder

Foto: Aetos

Si bien es cierto, los seres humanos necesitamos tener personas a quienes admirar y en quienes inspirarnos, existe una evolución y una necesidad que es importante de destacar: Nuestra dimensión global ha cambiado y ha derivado hacia una mayor transversalidad, en la cual nos encontramos altamente conectados, como una gran fuerza que va co-creando y retroalimentándose constantemente, con lo cual se brinda a cada uno de nosotros la posibilidad de cambiar el mundo, sin importar de dónde venimos.

El problema es que, en nuestra sociedad actual, no nos permitimos los espacios suficientes para reflexionar y abrirnos hacia el descubrimiento de un nuevo tipo de liderazgo: Un liderazgo interno, que nazca del conocimiento de los recursos propios, que se enfoque en la alegría y en el ser por sobre el hacer, permitiendo que fluya con naturalidad esta energía hacia los demás y genere inspiración al cambio.

El amor, la apreciación y la gratitud por aquello que ya somos es nuestro punto de partida. Reconocer nuestro poder interno nos da nuevos bríos y nos impulsa a soñar y dibujar una realidad mucho más aventurera, emocionante y alineada con nuestros deseos más íntimos. En este sentido, es el autoliderazgo el que nos permite dirigir el camino.

Desarrollar hábitos saludables y trascendentales, tales como desplegar el amor por lo que se hace, la empatía, la cooperación entre todos y cultivar el amor a nosotros mismos, nos convierte en seres mucho más empoderados, satisfechos y llenos de recursos.

Líderes en potencia

Todos somos líderes en potencia y no necesitamos distintivos de personas externas para avalar nuestro status de vida. Podemos ser poetas, vendedores, voluntarios, agricultores, artistas, políticos o quienes cuidemos del propio hogar y de la familia. Cada camino es único, especial y distinto, y lo que nos debiese realmente importar es concluir el día en paz, habiendo dado las gracias y sentirnos plenamente satisfechos por nuestra labor realizada. Siempre habrá personas merecidamente célebres en las capas externas del mundo, pero a fin de cuentas, a la persona a quien debemos admirar y atesorar diariamente, es a nosotros mismos. Trabajar en mejorar nuestras propias creaciones es nuestro gran desafío.

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