Cuatro áreas para mejorar nuestra calidad de vida: ¿Cuáles son?

Hagamos de la experiencia de vivir, nuestro bien más preciado.

Guía de: Espiritualidad

En términos generales, el cómo pasamos nuestros días es un reflejo de cómo hemos diseñado nuestras vidas. En este aspecto, puede que pocas veces pensemos en el tiempo que le dedicamos a nuestras interacciones cotidianas con nosotros mismos, con los demás, y con la vida misma. Es muy frecuente que ocupemos horas valiosas en quejas, en resentimientos innecesarios, o bien en procrastinar, evitando las cosas que realmente nos importan, dejando para un constante “después” el comenzar a vivir de forma auténtica.

Podemos correr todo el día tachando los pendientes de nuestras listas, atendiendo a las necesidades y expectativas de otras personas, y estando agobiados por pensamientos y actividades que no siempre nos hacen sentir vivos. En lugar de centrarnos en nuestras prioridades y pensar estratégicamente a qué dedicar nuestros días, repartimos nuestro tiempo como si fuera la cosa más disponible que tenemos. Pocas veces pensamos que es lo único que nunca, nunca, podremos recuperar.

Es por ello que, si deseamos aprovechar nuestros días -y, por tanto, nuestra vida- las siguientes cuatro áreas son necesarias de revitalizar:

1. Nuestros pensamientos:

Aunque no lo creamos, la persona con la que hablas más es con nosotros mismos, en un monólogo eterno sin fin de la voz que tenemos dentro de tu cabeza. “Esto es injusto”, “No creo que pueda hacerlo”, “No les agrado” —historias que hemos tejido desde muy temprano en nuestras vidas, antes de haber desarrollado la habilidad de pensar conscientemente. Estas historias, duras y rígidas, se mantienen vivas hasta el final de nuestros días, a menos que decidamos intervenir y analizarlas con nuestra mente adulta. Pensemos por ello en las áreas de nuestra vida en las que nos sentimos seguros y aquellos en donde nos sentimos desconectados o infelices. Una vez que hayamoss escuchado tus pensamientos, preguntémonos: “¿Son ciertos? ¿Son lógicos? ¿Me ayudan a algo?”. Si no es así, arranquémoslos despiadadamente como si fueran malas hierbas que están fuera de lugar en el hermoso jardín de nuestra mente.

2. Nuestras relaciones:

Uno de los predictores más importantes del éxito y la satisfacción es con quién nos relacionamos. Sin embargo, pocas veces pensamos en de las personas que dejamos entrar a nuestra vida, o tenemos el cuidado de cultivar las relaciones que son importantes para nosotros. A veces damos demasiado y nos sentimos poco apreciados, resentidos y enojados; otras veces tratamos de ser todo para todos y nos sentimos infelices por no poder dedicar tiempo suficiente a quienes más nos importan. Por esto, dediquemos un poco de tiempo a pensar en las relaciones que deseamos cultivar, los límites que tendremos que establecer en donde se necesiten y los hábitos relacionales que necesitamos desarrollar (como escuchar, apreciar, ayudar) cuando sea posible. Recordemos que si nos relacionamos con otros sabiéndonos valiosos, nos sentiremos más felices.

3. Nuestros proyectos:

Vivimos en una era de oportunidades en la que hay cientos de buenas ideas en cualquier parte. Ahora bien, es importante considerar que podemos establecer demasiadas metas, comprometernos con demasiadas ideas, involucrarnos en demasiados proyectos, lo cual lleva a que nos involucremos pasivamente o a que nos sintamos agobiados (como cuando tratamos de dar demasiado de nosotros mismos), especialmente si además somos perfeccionistas.

Por esto, identifiquemos de dos a cuatro oportunidades que realmente nos apasionen y estén alienadas con nuestros valores y fortalezas, dejando todo lo demás. Lo bueno es enemigo de lo mejor.

4. Nuestras cosas:

Tener demasiadas cosas es con frecuencia un impedimento para el progreso personal. Confundimos nuestras necesidades con nuestros deseos, compramos más de lo nos permite nuestro presupuesto, nuestro armario o nuestro apetito. Esperamos más de nosotros mismos, de otras personas, o de la vida misma, alimentando constantemente las conexiones del cerebro emocional que siempre quiere más. No debería asombrarnos que la vida se sienta como una banda sin fin en la que nuestras búsquedas pocas veces nos brindan alegría y satisfacción duraderas. El antídoto de esto es la sencillez. Por ello, eliminemos todo lo que no sea algo absolutamente “necesario”, para que podamos disfrutar aquello que te resulta realmente placentero. Porque cuando vivimos con sencillez, conseguimos la alegría que el dinero nunca podría comprar.

Ser conscientes de estas cuatro áreas y trabajar conscientemente en ellas genera una gran diferencia en nuestra calidad de vida. Hagamos de nuestro tiempo lo más valioso y de nuestra experiencia de vida, nuestro bien más preciado.

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