De qué forma el dolor nos ayuda a crecer? 2 aspectos fundamentales

El dolor, sin duda, nos ayuda a crecer y nunca es en vano. Ser capaces de atravesarlo y revertirlo es una cualidad que nos hace mucho más fuertes y resilientes.

Guía de: Espiritualidad

En nuestros primeros años y a lo largo de nuestra vida, diversas situaciones adversas se nos van presentando y van dejando huellas en nuestro camino. Ya sea en la forma de posibles enfermedades, duelos, eventos traumáticos, pérdidas afectivas y económicas o incapacidades de todo tipo -nuestras o de nuestros seres más queridos- todas ellas van generando caos e inestabilidad que antes no teníamos.

Preguntas como: “¿Por qué me pasa esto a mi?”, “¿por qué mi entorno? ¡No es justo!” y otras tantas son esperables dentro de nuestro proceso de cuestionamiento. A su vez, y dependiendo de la intensidad de la situación, nos rebelamos contra todas nuestras creencias anteriores y la vida en general. Simplemente no aceptamos, no creemos justo ni queremos eso para nosotros.

Dolor

Foto: AFP

Como seres humanos, no tenemos acceso a todas las respuestas de este gran misterio llamado “vida” y en el proceso intentamos encontrar, sin mucho resultado inicialmente, un sentido a aquello que nos pasa. Tampoco somos capaces de ver los eventuales regalos en aquello. Afortunadamente, todo en nuestra vida es un inmenso proceso de aprendizaje y, por lo mismo, existen lecciones tremendamente valiosas que podemos obtener de estos momentos:

Nuestra fortaleza puesta a prueba

Hay algo que necesitamos saber, y es lo siguiente: Somos lo suficientemente fuertes para afrontar una gran variedad de situaciones que no nos imaginamos siquiera.

Cuando algo nos ha pasado en la vida que percibimos como malo, triste o injusto, y somos capaces de aceptar lo que nos sucede decidiéndonos a avanzar, es ahí en donde nuestra fuerza se potencia y en donde empezamos a encontrar los mensajes por sobre las culpas y una mayor perspectiva de las cosas.

Una forma de atravesar este proceso es simplemente, permitirnos sentir todas las emociones asociadas a este evento, y vaciar esas emociones lo más posible. Una vez hecho esto podremos dar un nuevo paso, que es la aceptación de aquello que nos sucede, asumirlo y verlo como una experiencia que nos marca, pero no nos define del todo. No se trata de definirnos por aquello que nos pasa, sino por como reaccionamos a lo que nos pasa.

Sublimar el dolor

Si bien el dolor no se va del todo ni menos en forma automática, podemos comenzar a notar, a medida que avanzamos, que éste se va suavizando en los bordes y eventualmente se puede convertir  en un suspiro, pero más que todo se vuelve una parte de nosotros, que va sumando en experiencia y recursos internos a aquello que vamos siendo en cada momento.

A veces el dolor es tan profundo que es necesario y sanador  darle un sentido especial. En cualquier situación dolorosa debiésemos hacerlo, pero es especialmente importante el lograr sublimar el dolor transformándolo en algo beneficioso para nosotros y, en un acto de tremenda grandeza, poder externalizándolo al mundo.

Muchas personas han hecho de sus situaciones dolorosas del pasado su causa para ayudar a otros, volviéndose verdaderos referentes y creando obras de arte en torno a su vida. La generosidad en el compartir se magnifica cuando logramos hablar a través del dolor y de nuestro aprendizaje, y la recompensa que obtenemos es tanto mayor.

El dolor, sin duda, nos ayuda a crecer y nunca es en vano. Ser capaces de atravesarlo y revertirlo es una cualidad que nos hace mucho más fuertes y resilientes. La fortaleza está siempre en nuestras manos y, en última instancia, en nuestra determinación personal.

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