Desconectarnos para conectarnos: Una necesidad clave en estos días.

No importa cuánta tecnología tengamos a nuestro alcance; siempre es importante estar atentos a nuestras bases y ver a la tecnología como un instrumento para optimizar nuestra vida.

Guía de: Espiritualidad

Una característica clave de nuestra cultura actual es vivir permanentemente conectados debido a los avances que surgen casi a diario en materia de tecnologías de información y comunicaciones. Es todo tan inmediato y vertiginoso que puede llegar a abrumarnos, ya que en cosa de segundos podemos saber lo que pasa en distas partes del mundo, contactar con decenas de personas a la vez sin movernos de nuestros lugares y generar toda una realidad paralela basada en el uso de las redes sociales y dispositivos a nuestro alcance.

Puede sonar divertido, pero creo que muchos de nosotros nos hemos encontrado, al estar en un lugar público, con personas con dispositivos móviles en su mano o sobre la mesa –tal como si fuesen una extensión de ellos mismos- y los hacen parte de ellos sin quitarle la vista de encima mientras conversan con otras personas. Lo mismo con quienes vemos caminando sin mirar siquiera al frente -sino a su pantalla- y en posición incluso encorvada, como si aquello que estuviese observando o con lo que estuviese interactuando absorbiera, prácticamente, toda su atención. Es parte de una nueva forma de comunicarnos e interactuar con el mundo.

Desconectarse

Foto: Internet

Yo soy un amante de la tecnología y de las redes sociales, y por lo mismo me he visto en un sinnúmero de ocasiones como protagonista de estas situaciones, además de recibir las más diversas llamadas de atención por parte de familiares, amigos y otras personas por estar más atento a mi smartphone que a ellos.

En lo personal, me siento afortunado y agradecido de vivir en estos tiempos y de contar con todos estos avances que, en general, me han traído muchas satisfacciones y logros personales y profesionales. Ahora bien, existen dos aspectos que, para mi, han sido todo un aprendizaje y en los cuales me quiero detener especialmente para compartir con todos:

Desconectarnos para conectarnos:

No importa cuánta tecnología tengamos a nuestro alcance; siempre es importante estar atentos a nuestras bases y ver a la tecnología como un instrumento para optimizar nuestra vida, pero sin llegar a alterar nuestra dinámica de relaciones más cercanas, actividades saludables y necesarias: Compartir con amigos en 3D (personalmente y no por chat o redes sociales), mantener el teléfono en silencio o lejos de nosotros mientras estamos compartiendo con los seres queridos y estar en contacto con lugares verdes sin el dispositivo a cuestas marcan una gran diferencia en la calidad de nuestras relaciones, tanto con nosotros mismos como con el resto.

Menos es más:

Si bien esta frase puede tener distintas lecturas, en este caso se trata de nuestra presencia en las redes sociales o plataformas en donde nos hemos creado un perfil y un mundo disponible para interactuar con gran cantidad de personas.

Es muy importante comunicarnos y generar redes utilizando la tecnología, especialmente si aquello en lo que nos desempeñamos laboralmente depende de ello y necesitamos cierta relevancia en ese aspecto; pero siempre hay un margen personal que es necesario atesorar y resguardar. No es necesario, para mi, que todo el mundo sepa lo que estoy haciendo constantemente, ni donde estoy comiendo o comprando. Es divertido hacerlo a veces, pero cuando se torna una compulsión, se va perdiendo el sentido y, lo más importante, la capacidad de estar más presentes en el momento.

La conexión con lo esencial es vital para nuestra salud y dinámica física, mental y social, y por lo mismo, es muy importante desarrollar el hábito de destinar momentos de desconexión tecnológica. Para concluir, comparto el siguiente video que da nombre a este artículo: “Disconnect to Connect”, campaña lanzada por la compañía de telecomunicaciones DTAC en Tailandia, diciéndonos que prestemos atención y queramos a las personas a nuestro lado. Genial, verdad?

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