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La importancia del lenguaje al expresar emociones: Importantes tips

Procuremos vivir todas nuestras emociones en forma sana, expresémoslas, pero sobre todo reconozcamos también los momentos felices y agradezcámoslos
  • Virginia Farfán Ulloa,  Profesora de Filosofía y Terapeuta transpersonal, colaboración para Espiritualidad
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Hay muchas investigaciones que mencionan la importancia del lenguaje en la comunicación con los otros y en la percepción subjetiva de las experiencias que nos generan emociones, sucede que la misma situación puede generar reacciones diferentes en distintas personas, debido a las vivencias previas que ha tenido cada uno y ello define la forma de expresarnos.

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Normalmente, al hablar de emociones las tipificamos en 4 emociones básicas que son rabia, miedo, tristeza y alegría. También existen emociones mixtas y ellas son muchas más, pero, lo peculiar de los estudios relacionados al lenguaje y a la expresión de las emociones es que normalmente en nuestro “lenguajear” abarcamos sólo las tres emociones con connotación negativa. Sin embargo, las emociones por sí mismas solo “son”, la forma en que las vivimos en el cuerpo es lo que provoca respuestas diferentes, esto dependiendo del contexto, de las vivencias previas, del ambiente cultural, es decir, hay una multifactorialidad que incide en la respuesta que tenemos y en la forma en que la verbalizamos.

En una entrevista a la trabajadora social y escritora Brené Brown, realizada por Laurie Santos, quien imparte una cátedra sobre Felicidad en la Universidad de Yale, Brown menciona una frase que me hizo pensar: “El límite de mi lenguaje es el límite de mi mundo”, ella justamente hacía mención a que normalmente nos explayamos diariamente en base a las emociones más desagradables…y ¿acaso no hay momentos lindos y agradables también en nuestra vida? Sí los hay, cada día, pero, le restamos la validez e importancia que deberíamos otorgarle para nuestra salud mental y nos quedamos empapados de sensaciones menos sanas, optando por enfocarnos en lo dañino y expresarnos de esa forma.

Buscando una respuesta desde lo cultural, como latina, me doy cuenta de que para muchos reconocer: “Estoy bien”, “Me va increíble”, “Soy feliz”, es extraño, porque hay un sentimiento de culpa que nace al escuchar lo que verbalizan otros, sin embargo, es la forma en que solemos comunicarnos, decir “Estoy mal, que sufro, la vida es así, será el destino”, etc., genera en quien escucha empatía, solidaridad, compasión, muestras de cariño y decir que me va bien, genera por comparación, distancia y no alegría sana porque tendemos a comparar las situaciones personales, y eso es un rasgo humano.

Entonces…¿Qué podemos hacer? Las comparaciones pueden ser provechosas si las tomamos como un estímulo para aprender del logro de otro, pero pueden ser negativas si nos quedamos atajados en algo negativo como la envidia, debemos aprender a manejar las confrontaciones de manera cuidadosa para evitar la insatisfacción y el dolor producido al ver rotas las propias expectativas.

Por otro lado, se nos ha enseñado que el dolor es una forma de “purificación del alma”, que el placer, el disfrute es egoísta. ¿Extraño? Y sin embargo la alegría y el placer son parte de la naturaleza humana. Ya en la época de los estoicos, unos 300 años AC, ellos mencionaban que debemos buscar la felicidad, la alegría en nuestra vida, sin embargo, para cada persona existen parámetro de felicidad diferentes, lo que para uno es “felicidad”, tal vez no lo sea para otro, por ende, lo que si debemos tratar de conseguir es vivir una vida con sentido, una vida que nos permita alcanzar nuestro máximo potencial teniendo además la capacidad de reconocer y expresar con gratitud la magnificencia de lo que se nos ha otorgado.

Finalmente, procuremos vivir todas nuestras emociones en forma sana, expresémoslas, pero sobre todo reconozcamos también los momentos felices y agradezcámoslos. Darse cuenta de ellos nos permitirá tener recuerdos a los cuales regresar con alegría y revivirlos. Eso nos ayuda a mantener una buena salud mental.

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