El asco: Una emoción que nos protege más de lo que habríamos pensado
- Camila Rodríguez, ex guía de Psicología y Tendencias
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Tal como las antes mencionadas “Tristeza” e “Ira”, el Asco también forma parte de las emociones básicas.
Se define como una impresión desagradable causada por algo que repugna. De hecho, el asco es una de las reacciones emocionales con sensaciones fisiológicas asociadas más patentemente. Estas sensaciones tienen relación con el aumento de la reactividad gastrointestinal y la tensión muscular, principalmente.
Usualmente, el asco es causado por algún tipo de estímulo de carácter desagradable, potencialmente peligroso o molesto. Subjetivamente, el asco ocasiona la necesidad de evitación o alejamiento de aquello que lo provoca. Si el estímulo es oloroso o gustativo aparecen sensaciones gastrointestinales desagradables, tales como náuseas, mareos, activación del sistema parasimpático, etc.
A nivel conductual, el asco nos motiva a llevar a cabo conductas de repulsión, escape y expresiones faciales típicas y universales que sirven para comunicar el desagrado.
Ahora bien, tal como el resto de las emociones básicas, el asco también tiene una razón de existir. Sus funciones principales tienen relación con:
- Generar respuestas de escape cuando es necesario.
- Evitar situaciones desagradables o potencialmente dañinas para la salud.
- Potenciar hábitos saludables, higiénicos y adaptativos.
Si bien el asco puede experimentarse como una sensación desagradable, queda demostrado que es sumamente protectora.
Por otro lado, el asco ha demostrado ser una emoción que ha tenido la cualidad de ampliarse debido a influencias sociales y culturales. Es decir, puede generarse producto de la influencia que hemos recibido de los demás.
Finalmente, el asco exagerado puede llevar a las personas a padecer ciertos trastornos; como por ejemplo, ciertas fobias específicas a animales popularmente considerados como “repugnantes” y que solemos asociar con la suciedad (gusanos, arañas, etc.).
También, el asco puede asociarse con trastornos ansiosos y -de manera particular- con el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Las personas que experimentan esta enfermedad suelen sentir asco al tocar determinados objetos o al estar en situaciones que consideran contaminadas; lo cuál, acarrea la necesidad de llevar a cabo –por ejemplo- un lavado de manos o limpieza compulsivos.
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