Hijos de padres suicidas, un tema complejo: Niños en riesgo que necesitan atención
- Camila Rodríguez, ex guía de Psicología y Tendencias
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En un artículo anterior, hablamos sobre el suicidio como fenómeno social, globalizado, con tasas que aumentan año a año.
El suicidio se define como la acción o efecto de suicidarse; es decir –en palabras de Eile Durkheim- correspondería a “toda muerte que resulta, mediata o inmediatamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma; sabiendo ella que debía producir este resultado”. Pero, ¿qué pasa cuando quien se suicida es nuestro padre o madre? En los Estados Unidos, cada año, entre 7.000 y 12.000 niños pierden un padre a uno de sus padres producto del suicidio.
Variados estudios han analizado las implicancias de la pérdida de uno de los padres por suicidio; hablando de niños y adolescentes “sobrevivientes” al suicidio de un familar de primer grado. En estos casos, los expertos califican que niños y jóvenes deben enfrentar simultáneamente dos eventos estresantes: Primero, la pérdida de uno de sus cuidadores principales; y, segundo, la muerte de una persona significativa por intermedio del suicidio.
Expertos en el área señalan que –además- estos sobrevivientes corren un alto riesgo de padecer problemas psicosociales y trastornos mentales (depresión, estrés post traumático, comportamiento impulsivo y agresivo y conducta suicida propia) asociados a la pérdida de su padre/madre producto de un suicidio. Respecto de esto último, Holly C. Wilcox señala que “perder a un padre a una edad temprana se considera un catalizador para el suicidio y los trastornos psiquiátricos”. De hecho, quienes perdieron a uno de sus padres en la niñez o adolescencia tienen tres veces más riesgo de suicidarse y dos veces más riesgo de ser hospitalizados por depresión que quienes tienen a sus padres vivos.
Más aún, la muerte producto de un suicidio es una situación que además de traumática, es seguida de una alta carga de estigma y culpa; lo cual resulta muy difícil de manejar para estos niños y adolescentes.
El estudio más grande hecho hasta el momento y dedicado a este tema en específico, fue liderado por Centro Infantil Johns Hopkins. Algunos de sus hallazgos aseguran que el suicidio de uno de los padres afecta más a los hijos en la medida en que son más jóvenes. Es decir, niños pequeños y adolescentes se verían más afectados que adultos jóvenes tras el suicidio de su padre o madre.
Ahora bien, habría que considerar que existen factores hereditarios y ambientales que también contribuirían a aumentar o disminuir el riesgo de estos niños y jóvenes. Al parecer, los niños son bastante resilientes; es por ello que un ambiente familiar amoroso, de apoyo y en el que se le brinde una cuidadosa atención cualquier síntoma temprano de salud mental del niño o joven, podría compensar en parte la pérdida sufrida.
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