Guía de: Espiritualidad

¿Cómo ser capaz de sobrellevar un duelo?

Tres grandes elementos están presentes en este proceso y guardan directa relación con nuestras emociones y el cómo poder enfrentar un proceso de duelo.

La pérdida de un ser querido es, probablemente, la experiencia más profundamente dolorosa que puede vivir un ser humano a lo largo de su existencia. Es, por este mismo motivo, sumamente difícil poder siquiera explicar o dimensionar en palabras el nivel de impacto y sufrimiento que implica este proceso en quien lo está viviendo, así como también el intentar brindar un consuelo adecuado en esos momentos.

Independiente si se trata de una muerte trágica o de una situación que pudiésemos de algún modo predecir, como puede ser el caso de una  enfermedad terminal, existe un hecho que, como seres humanos, nos une a todos en esta materia: Independiente de nuestra concepción acerca de la vida y la muerte, no estamos preparados en plenitud para la partida de un ser querido.

Duelo
Foto: Aetos

No estamos preparados en plenitud para la partida de un ser querido.

En este sentido, expertos en la materia han descrito una serie de etapas que conforman el llamado “ciclo del duelo“, el cual nos puede ayudar a ser conscientes de que el dolor de toda tragedia o pérdida, si bien nos puede acompañar durante toda la vida, puede suavizarse con el tiempo.

Más allá de lo anterior, mi intención es centrarme, de forma sencilla, en tres grandes elementos que están presentes en este proceso y que guardan directa relación con nuestras emociones y el cómo poder sobrellevar un proceso de duelo:

El impacto en nuestro interior

Situaciones como ésta nos devuelven inevitablemente al momento presente, especialmente si se trata de una muerte inesperada. Tal como en el caso de las tragedias y desastres naturales, vemos que todas nuestras estructuras se desmoronan en un segundo, quedando con la sensación de haber sido ultrajados y despojados de aquello que nos es más preciado.

La relación que tenemos con nosotros mismos y nuestro mundo se puede ver afectada enormemente, repercutiendo en nosotros a nivel físico, emocional y social. Nuestra conexión con la muerte y con el sentido de la vida puede hacernos tomar varias opciones en un momento determinado: Rebelarnos completamente ante lo que nos está pasando, negarlo para evitar el dolor o bien vivir nuestro sufrimiento momento a momento como un proceso que es necesario enfrentar y atravesar.

Vivir nuestras emociones

Refugiarnos en nuestras creencias espirituales, nuestra familia y nuestro entorno más cercano son tendencias naturales para encontrar protección y fortaleza interna. Muchas veces somos nosotros mismos quienes tomamos la tarea de fortalecer al resto y, al mismo tiempo, vivir nuestro dolor de forma interna y solitaria. Independiente de nuestra forma en que nos enfrentemos internamente a este proceso, lo importante es poder darnos el tiempo de vivir nuestras emociones, que son aspectos fundamentales de nuestra experiencia humana, y permitirnos fluir con ellas para sobrellevar mejor el dolor y así poder sanarnos .

Sublimar nuestro dolor

El dolor nos hace aprender diferentes lecciones. Quizás una de las más duras y poderosas es darnos cuenta que todo en nuestro exterior es transitorio y que la vida, allá afuera, siempre continúa. Una pregunta que puede ayudar a vivir este proceso y pasar a una nueva etapa es la siguiente:

“¿Qué es lo que nuestros seres queridos, que ya no están, hubiesen querido para nosotros en estos momentos?”

Descubrir un nuevo sentido a nuestra vida y decidirnos a reconstruir nuestro mundo quebrado  es una extraordinaria forma de recomenzar, dando con ello valor a nuestra propia vida y honrar la de nuestros seres queridos que ya no están.  El preguntarnos “¿Qué me dejo esta persona?” nos puede ayudar, además, para aferrarnos a los valores positivos que nos han dejado como legado, y así hacer algo bueno con nuestra vida y poder ayudar a otros desde nuestro propio proceso.

Más allá de las palabras, el sobrellevar un duelo es un proceso que requiere de tiempo y, sobre todo, mucha intención de salir adelante. Si bien no existe una fórmula perfecta para enfrentarlo, lo cierto es que nos ayuda a conectar con nuestro interior quizás como nunca antes, invitándonos a sumergirnos profundo en esa experiencia para así poder resurgir con una nueva fortaleza, quizás inimaginable, desde lo más profundo de nosotros mismos.

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