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Prohibición del salero en restaurantes

Según estudios nacionales e internacionales, la ingesta de sal podría ser un factor oculto contribuyente a la epidemia de obesidad infantil. En Chile, consumimos más del doble de sal de lo saludablemente permitido.

El 30 de mayo en Buenos Aires, el Ministerio de Salud puso en marcha un programa contra la Hipertensión que consiste básicamente en la firma de 2 convenios. Esto se efectuó porque en Argentina el consumo de sal por la población excede lo que la OMS recomienda. Esta organización sugiere como máximo recomendado 5 grs/día de consumo de sal, considerando  que muchos estudios señalan que dosis mayores a 3.5 gr/día de sal ya comienzan a ser perjudiciales para la salud. Sumado a lo anterior, otro estudio del Ministerio de Salud de Argentina señala que  un  25.2%  de los comensales  que  come en lugares públicos le pone sal sin haber probado la comida.

Un estudio realizado por Pasquale Strazzullo y cols señala que “el aumento de la ingesta de sal se asocia con una mayor incidencia de accidentes cardiovasculares y eventos cardiovasculares totales”. Por su parte,  la OMS señala que el 62% de todos los ACV y el 49% de los casos de enfermedades coronarias se atribuyen a la hipertensión arterial.

Sal

Foto: Carla Pinilla, El Mercurio

El consumo de sal en Chile supera los límites saludables.

De hecho, en el Foro sobre la Reducción del Consumo de Sal en la Población, (Paris, 2006) la OMS concluyó que “se ha demostrado adecuadamente la eficiencia de la disminución de la ingesta de sodio en la reducción de la presión arterial apoyado sobres estudios clínicos de intervención basados en la población, controlados y aleatorizados”.

Por su parte, el Dr. Luis Zárate señala que el  cloruro de sodio -nombre científico de la sal común-  induce cambios funcionales y estructurales que contribuyen a aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares, renales, óseos y neoplásicos. Además señala “en una reciente publicación, en donde se analiza la ingesta de sal diaria, en más de 1.600 niños británicos de entre 4 y 18 años de edad, que este último se observó que aquellos niños que ingerían mayores cantidades de sal, tenían también tendencia a beber más líquidos azucarados, como consecuencia de la sed que producía, llevando a un sobre consumo calórico que podría facilitar el desarrollo de la obesidad infantil. Según este estudio, una disminución de la ingesta de sal diaria, esto es de 6 g a 3 g, podría evitar la incorporación de 250 kcal semanales en bebidas y jugos azucarados”.

¿Y qué pasa en Chile?

El consumo de sal diario se estima entre 9 y 12 g /día. Esto lo reafirmó la Encuesta Nacional de Salud que revela que el consumo promedio de la población sobre 15 años es de 9.8 g/día. Otra investigación que se efectuó a las mujeres embarazadas del área urbana de Concepción, cuantificó una ingesta promedio de 11,4 g. En otras palabras, en Chile consumimos más del doble de lo saludablemente permitido.

Por otro lado, hay que considerar que 70% de la sal que comen los chilenos proviene de alimentos procesados, por ende, el proyecto de ley que regula la composición nutricional  de los alimentos y su publicidad juegan un rol clave al exigir que se rotulen  como “altos en sal” alimentos que presenten en su composición nutricional un elevado contenido de cloruro de sodio.

Por todo lo anterior Chile y Argentina,  a través de distintas alternativas gubernamentales, están acogiéndose  a la recomendación de organismos internacionales y que han aplicado los países de la OCDE. Para solucionar este problema, van encaminadas a establecer tres políticas claras con respecto a: la producción de alimentos en forma industrial sin agregado de sal o con la mínima cantidad posible, cambios en el entorno de la población, de modo de asegurar que los alimentos más sanos sean fácilmente identificables a través de etiquetado apropiado, ubicación de fácil visión de los productos alimenticios saludables en los supermercados y otros lugares de ventas y una activa y amplia campaña educativa en todos los grupos etarios en relación a una alimentación saludable y con bajo contenido en sodio.

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