Cómo lograr que tus propósitos se conviertan en realidad

Las fechas que marcan el paso de un periodo a otro, tales como el año nuevo, los cumpleaños y los cambios de estación, traen consigo una evaluación de la etapa anterior y el planteamiento de nuevos propósitos. Aquí van algunas estrategias para evitar la decepción de no cumplirlos.

Las fechas que marcan el fin de un período y, el inicio de otro, tales como el Año Nuevo, los cumpleaños y los cambios de estación, traen consigo una evaluación de la etapa anterior y el planteamiento de nuevos propósitos para la fase que comienza. Sin embargo, la cercanía de esas fechas muchas veces viene acompañada de tristeza y decepción, al constatar que no se han cumplido los objetivos planteados con anterioridad.

Propósitos

Foto: El Mercurio

La primera “tarea” es elaborar una lista de cosas que realmente nos interese hacer.

Es así como sobrevienen pequeñas crisis, por ejemplo, al iniciarse un nuevo año o al cumplir una determinada edad, cuando vemos que nuestros propósitos se repiten una y otra vez, pues no hemos conseguido lograrlos. Es así como seguimos en medio de la misma situación desfavorable o no hemos sido capaces de cambiar una condición que nos parece molesta; como por ejemplo, bajar de peso, encontrar pareja, cambiar de trabajo, hacer un curso, mejorar nuestra salud en algún aspecto, etc.

Esto sucede en parte, porque estas fechas traen consigo una necesidad de cambios y una visión esperanzadora acerca de lo que queremos lograr y, al momento de plantearnos objetivos, lo hacemos sin real conciencia de cuáles son las acciones que debemos tomar y de las barreras que debemos sortear para lograrlo.

Interés real

Por esta razón, es necesario, en primer lugar, reflexionar acerca de estos propósitos y asegurarse de que se trata de algo que realmente se quiere y no algo que “se debe hacer”, pues cuando no hay un interés real, lo más probable es que se fracase, ya que las personas somos especialistas en darnos explicaciones y excusas para hacer coherentes nuestras acciones y omisiones.

Es necesario, además, dar cierta especificidad a los objetivos, estableciendo con claridad qué se desea lograr, poniéndolo en términos medibles, por ejemplo, bajar 5 kilos de aquí a Marzo.

Además se sugiere que cada meta se acompañe de pequeños pasos sucesivos y estrategias que permitan cumplir con la meta final y que puedan ir chequeándose para medir el estado del cumplimiento de éste.

Resulta importante mantener la fe en nosotros mismos, creyendo y estando seguros de que podemos cumplir aquello que nos proponemos, haciendo un balance entre las cualidades o capacidades que nos facilitarán el logro de nuestro objetivo y cuáles son las barreras que dificultarán su cumplimiento.

Debemos tener en cuenta también, cómo hacer frente a dichas problemáticas para tener éxito. Por ejemplo, de qué manera vamos a enfrentar las ganas de fumar en situaciones sociales, en caso de estar en plan de dejar el cigarrillo. Cabe señalar que una falla no implica un completo fracaso, ya que si lo vemos de ese modo, volveremos con resignación a la situación anterior dejando los esfuerzos a un lado.

La autoeficacia será nuestra mejor aliada. Cuando vayamos viendo que nuestro esfuerzo está dando buenos resultados, la convicción personal de que podemos realizar con éxito lo propuesto aumentará, haciéndonos más fuertes e incrementando nuestra motivación y fuerza de voluntad.

Se sugiere también acentuar lo positivo de nuestro propósito. Tener siempre claro por qué queremos lograrlo. Por ejemplo, en vez de pensar -¡que cansancio ir a clases de inglés después del trabajo!-, es mejor hacer hincapié en lo importante que es la regularidad de la asistencia para el aprendizaje y tener siempre en mente por qué queremos saber inglés. O, en vez de centrarse en el hecho de no poder comer algo rico pero que engorda mucho, piensa en cómo vas a hacer que tu ensalada quede más apetitosa o que frutas ricas puedes comer, teniendo en la mente la imagen y el estado de salud que deseas lograr.

Y finalmente, tener flexibilidad para modificar el objetivo o los pasos necesarios para cumplirlo, en caso de ver que el modo en que lo planteamos no es el más adecuado o que la meta era demasiado exigente.

Ahora que ya sabes cómo hacerlo, empieza a proyectar tus propósitos para el Año Nuevo, tu cumpleaños o el cambio de estación. Si lo haces de manera conciente y planificada, el éxito está casi asegurado.

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